El lago que hoy conocemos es artificial. Es lo que queda de una gran laguna, que da nombre a la localidad, de la que se extraía sal y que habitaban anfibios, carpas y carpines.

El lago que nos rodea nos da vida. Refleja la luz del día y de la noche, nos aporta frescura y una agradable vegetación  y es el hábitat de petirrojos y lavanderas.

Desde Samaná accedemos a un islote que en un futuro será la joya de nuestros espacios y en el que conviviremos con azulones y garzas reales y una colonia de aviones zapadores en la temporada estival.

Un entorno increible en medio de la civilización…tras las puertas de Samaná hay un paraiso.